The Office: De los nuevos medios al documental

 

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Por: Sergio Román

Hago parte de una generación que vivió el desarrollo de muchas tecnologías de lo audiovisual. Cuando era pequeño veía con mi hermana, en la casa de mis tías, las películas de Disney en Betamax (¿alguien se acuerda del Betamax?). 

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Como pueden ver esta era una máquina maravillosa, que servía para ver películas, y también para jugar a que uno controlaba el mundo con esos botones. En mi casa (un poco mayor pero también con mi hermana), veíamos películas de Chuckie en VHS.

En mi caso particular de estudiante de cine les puedo contar como dato curioso, que tuve muchos profesores puristas que creían que el cine solo se podía hacer con película de cine. Que el video digital nunca iba a poder llegar a si quiera imitar las texturas y la calidad del cine, cosa que es hasta cierto punto cierta. Sin embargo, lo que terminó pasando es que las nuevas tecnologías del video y de lo digital le dieron un desarrollo de nuevos caminos al cine, a la televisión y a sus derivados. Muchos realizadores y autores se dieron cuenta de que el video ofrecía posibilidades que el cine no tenía; por un lado la cámara era mucho más liviana, y podía meterse en lugares donde las grandes y ruidosas cámaras de cine no entraban. Por otro lado la cámara podía grabar durante mucho más tiempo, porque no dependía del cambio de los cartuchos que requerían las cámaras de cine. Esto privilegió un nuevo cine de lo intimo y de lo documental. Thomas Vinterberg por ejemplo, creador del movimiento Dogma 95 junto a Lars Von Trier, grabó la primera película del movimiento, la aclamada Celebración en video.

The Office, es una serie que la NBC compró a la BBC. Fue escrita por el genial comediante  británico Ricky Gervais y Stephen Merchant entre otros, y fue adaptada para la audiencia norteamericana por  el comediante Greg Daniels. La serie gira alrededor de las vivencias en la aburrida  oficina de  una compañía de papel (Dunder Mifflin) en el pequeño pueblo de Scranton, Pensilvania. Es una serie de ficción, aunque coquetea con el genero del falso documental: los personajes advierten la presencia de cámaras, y durante el capítulo hay digresiones en las que ellos hablan de sus impresiones y sentimientos apartados de los demás personajes.

Por eso quise dar todo el rodeo acerca de los nuevos medios, antes de hablar de la serie, porque siento que el argumento está montado en los preceptos de la tecnología del video y en el documental como instrumento para indagar en la intimidad de los personajes. De este modo el espectador logra la identificación con personajes con los que de otro modo sería difícil identificarse: ninguno de ellos es atractivo, en general son aburridos y sosos.  Jenna Fischer la actriz que encarna a Pam Beasly, la recepcionista de la oficina, cuenta que preparó su audición tratando de parecer lo más aburrida posible. En este sentido la serie es arriesgada, ya que se aleja de los personajes bonachones y simpáticos de las típicas sitcoms norteamericanas. Ejemplo de esto es Michael Scott, el jefe regional de la sucursal de Scranton de Dunder Mifflin, un tipo ignorante y  políticamente incorrecto, que se cree chistoso a pesar de no serlo. “I’m a friend first, boss second, probably an entertainer third.”, le dice descaradamente a la cámara.

Los primeros capítulos de la serie son los más me interesan, porque es donde hay una profunda búsqueda por las retóricas de lo cotidiano. Porque es donde aflora más claramente un humor negro que nos hace sentir incomodos, en vez de agradarnos. Porque la dirección de arte crea un ambiente pesado y monótono, lleno de tonos grises y ocres. Porque las historias son tan sencillas, que empieza a difuminarse la línea de la narrativa clásica de inicio-nudo-desenlace. Pero sobre todo por un detalle particular que desaparece en las siguientes temporadas: un final abrupto que termina en créditos en total silencio.

No me queda más que recomendársela a aquellos que no la hayan visto, a quienes disfruten de comedias que no tengan la odiosa risa pre-grabada, o a aquellos que estén cansados de ver repeticiones de  Friends una y otra vez.

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Descubriendo a Frank Underwood

Descubrendo a Frank

Por: Juan Sebastián Torregrosa M.

House of Cards (HOC) con apenas dos temporadas al aire y una por venir, se posiciona hoy como una de las series con más rating y seguidores. Es evidente que gran parte de su éxito se debe a su imponente protagonista, Frank Underwood. Interpretado por Kevin Spacey, Underwood es equiparable a Tony Soprano o a Walter White, ambos antihéroes. En previas notas hemos mencionado en qué consiste la naturaleza de este tipo de personajes. En el breve análisis que acá les presentamos de Underwood ahondaremos un poco más en el concepto detrás del término ‘antihéroe’.

Desde el primer diálogo nos encontramos con que Frank se dirige a nosotros, la audiencia, sin que ningún otro personaje lo note. En el cine se conoce esto como el ‘rompimiento de la cuarta pared’ y básicamente pretende hacer al espectador parte de la ficción. En el caso de HOC, se nos involucra como cómplices. Una astuta estrategia, pues no nos deja otra opción que la de estar de parte de Frank.

Nacido en el Sur de California este hombre de mediana edad se las ha arreglado para estar en los más altos círculos gubernamentales. Al principio de la serie Frank hace parte del Congreso y es líder de la bancada demócrata. Está casado con Claire Underwood, interpretada por Robin Wright, y no tienen hijos. Es un hombre dotado de inteligencia y astucia, pero la característica que va a predominar durante todo el show es su actitud maquiavélica y perversa.

La trama de la serie consiste en el ascenso de Frank en la sinuosa ruta hacia el poder político. Como mencionaba Daniel Rodríguez en el anterior artículo “House of Cards : Líbranos del Bien la serie materializa el imaginario colectivo del mundo político: un mundo de hipocresías, mentiras e intereses. Y si ese mundo fuese un barco, Frank sin duda sería su capitán, pues a diferencia de otros antihéroes, Frank escogió voluntariamente su posición. La sed de este hombre por el poder parece no saciarse.

Durante la serie somos testigos de una transición en la que Underwood va a llegar a actos de maldad insospechados. Y sin embargo al mirarlo en retrospectiva descubriremos que desde el principio se nos había advertido de sus alcances. La magia está en la astucia que exhibe para salirse con la suya. Sus oportunas acotaciones a la cámara buscan justificar sus acciones y nos reafirman que en la carrera del poder todo vale.

Frank se ha armado además de un equipo de secuaces que están dispuestos a acompañarlo hasta en sus más perversos planes. Lo encabeza su mujer Claire, una distinguida y bella mujer que no duda en utilizar su atractivo para obtener lo que desea. Vale mencionar que en la relación matrimonial con Frank se han permitido el uso (y abuso) de las relaciones sexuales con terceros siempre y cuando hagan parte de la conquista hacia el poder. De hecho la sexualidad de Frank no es clara y más de una vez influirá en el desarrollo de la serie. En seguida está Doug Stamper (Michael Kelly) su jefe de personal. Doug es un alcohólico rehabilitado que suele hacerse cargo de ejecutar los detalles de los planes de Frank. Al igual que Claire, está dispuesto a otorgarle su vida a Frank pues al parecer fue él quién lo ayudó en su salida del alcoholismo.

Además de los secuaces, la serie nos presenta una serie de personajes que de manera consiente o inconsciente serán utilizados por Frank, y aquellos que se le opongan van a pagar. Las situaciones en las que se verán involucrados se harán cada vez más intensas y el hecho de que Netflix haya decidido estrenar la serie por temporadas completas y no por capítulos hará complicado no devorarse cada temporada.

Ahora bien, al escribir este artículo siento que describo un villano en todo su esplendor. Esta ha sido precisamente la crítica más repetida por los especialistas y críticos de TV. El personaje de Spacey se encuentra cada vez en menos cruzadas éticas y puede llegar a ser caricaturesco en su maldad. Quizás es esta la intención de sus escritores, pues quienes de alguna manera seguimos el mundo político no paramos de sorprendernos por la avaricia y crueldad de sus protagonistas. En todo caso cada cual decidirá hasta cuando se permitirá seducir por la exquisita inteligencia de Frank Underwood.

Mayo de 2014

House of Cards: Líbranos del bien

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Por: Daniel Rodríguez Botero

“Estoy a un paso de ser presidente de los Estados Unidos sin haber recibido un solo voto; la democracia está sobrevalorada”

Frank Underwood

La serie norteamericana ha sido una gran sensación a nivel mundial, no solo por el gran elenco y la genial historia que tiene detrás, sino por el acercamiento que existe entre el retrato de un mundo, replicado por la serie y la vida cotidiana del espectador. 

Los seres humanos tienen de una manera u otra, una simple relación con el mundo político, unos gobiernan, otros son gobernados. Es ahí donde la serie toma una ventaja significativa y se introduce dentro de un universo de reputación  dudosa , o mejor dicho de reputación controversial, la cual permite atrapar de forma instantánea al espectador. 

El desarrollo de la historia tienen como eje central la vida de los individuos que están relacionados de alguna manera con la meca de la política norte americana, La Casa Blanca. Una serie que retrata un sistema, que a los ojos de muchos, está podrido desde adentro, donde los dilemas morales escasean y el bien no tiene lugar.  

“House of Cards” es simplemente la materialización del imaginario colectivo que se tiene acerca del mundo político y de sus integrantes. Un universo repleto de personajes empeñados por conseguir sus propios intereses sin importar el costo que implique lograrlo, generando así un sin numero de conflictos que alimentaran constantemente la historia. 

Curiosamente, como con el reino animal, la única ley que domina este universo es la del mas fuerte, y Frank Underwood, (interpretado por Kevin Spacey) la domina a la perfección. Con un carisma emblemático, un sarcasmo punzante, y un poder magistral de la palabra , Frank Underwood, nuestro Ricardo III moderno, logra imponerse frente a sus enemigos con gran astucia, manipulando a conveniencia las situaciones y logrando de una manera, temiblemente pulcra, sus propios objetivos. Sin limites éticos, Frank Underwood, en compañía de su esposa, Clair (Robin Wright): una mujer capaz de imponer sus deseos y objetivos por encima de cualquier obstáculo, dejando ver una personalidad fuerte y calculadora.

Lo interesante no es si Frank Underwood se sale o no con la suya, si no, las barreras que es capaz de cruzar para salir siempre bien librado, algunos creen que puede ser aburrido que un protagonista siempre logre sus objetivos, pero el verdadero atractivo  del drama, de si los logra o no, es la manera en que decide embarcarse y enfrentar los osbtáculos. 

Esta es la serie del todo vale, de personajes muy bien construidos, sin transformaciones moralmente abruptas y donde se rigen por el principio del poder y de la codicia. Un mundo fantástico, ávido de conflictos y de sorpresas.

Líbranos del bien, es precisamente la particularidad de esta serie, una serie que de una manera u otra se va desasiendo de los elementos bondadosos y humanos con el correr de los capítulos y donde lo que va quedando se convertirá cada vez más en algo monstruoso.  

Mayo de 2014

Del Cine a la TV

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Por: Juan Sebastián Torregrosa M.

Nota del editor

Decidimos comenzar nuestra excursión cinematográfica dando un vistazo a la particular relación que se observa hoy entre el Cine y la Televisión. A pesar de lo paradójico que parezca comenzar un Blog de Cine escribiendo sobre la Televisión, encontramos particularmente interesante el momento en que se encuentra esta última y lo determinante que, para su desarrollo, el Cine le ha sido.

Desde su nacimiento la relación que ha tenido la Televisión con el Cine ha sido más que compleja. Es innegable que sus diferencias ontológicas parecen distanciarlos. Existe la firme creencia de que el valor del cine es en esencia artístico, mientras que el de la televisión evidentemente es comercial.  Y tal afirmación se puede asumir si detallamos las pretensiones de cada uno. Las películas se valen por si mismas y su valor comercial existe en cuánto el consumidor siga pagando por verlas. La televisión, por su parte, existe en tanto haya publicidad que asuma sus gastos y consumidores que sigan la programación, a pesar de los llamados “comerciales”.

Sin embargo, estamos ante una transición de las dos industrias que parece difuminar los límites que las separan. Nos encontramos en un momento coyuntural donde la crisis narrativa en Hollywood ha permitido que el formato televisivo aflore con un insospechado potencial.

En efecto, en los noventas los dramas perdieron tiempo en la parrilla de tv, para abrir campo a nuevos formatos como los “realities” y grandes directores, como Tarantino y Paul Anderson, hicieron su debut en lo que parecía una nueva ola de cine.

Luego, en la primera década de dos mil, mientras la televisión agotaba sus nuevos formatos y nuevamente abría campo a renovados dramas y ficciones, el cine, para soportar la industria, se vio en la necesidad de producir “refritos” de viejos éxitos

No es de extrañar entonces, encontrar gente del cine mudándose a la televisión y de la televisión al cine. La crisis a la que ambas industrias se enfrentaron, parece haberles dado una valiosa lección: es más productivo asumir una sana competencia, que genere aprendizaje y acompañamiento, que olvidar por completo al otro y hundirse solo.

Hoy la televisión toma prestadas licencias  cinematográficas como no lo había hecho antes: Exorbitantes presupuestos, 18 millones de dólares por el primer capítulo de “Boardwalk Empire”, directores, David Fincher dirigió el primer capítulo de “House of Cards” y complejas historias, mientras “Friends” presentaba las aventuras de seis amigos en Manhattan, “The Office” muestra la complejidad de las relaciones en una pequeña oficina.

Por su parte, en esta época el Cine ha reconocido a la Televisión el valor que por años le había negado. Con éxito, varias series han dado el salto a la pantalla grande, Sex and the city, Miami Vice y Los Simpsons, entre otras. Directores como Tom Hooper y Ridley Scott se iniciaron dirigiendo en televisión. Igual ocurre con incontables actores y productores.

Nos encontramos pues, en un momento típico de la transversalidad del mundo moderno. Para algunos ortodoxos la renovada relación entre el cine y la televisión puede ser un insulto a sus verdaderos propósitos (de uno y del otro). Sin embargo, la variedad de contenido que actualmente se ofrece nos lleva a pensar que ha sido un afortunado encuentro y que la crisis de la pasada década se está viendo contrarrestada con un boom creativo.


En Torrefilms, vamos a rendir tributo al buen momento que pasa la televisión. Estudiaremos cuatro protagonistas de series importantes en esta transición. Los invitamos a que nos lean, nos dejen sus opiniones y nos debatan las nuestras.

 

Torrefilms Opinión (nota editorial)

 

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Este mes se lanzan oficialmente las columnas de opinión y revisión de cine en Torrefilms. Es una iniciativa que se viene gestando desde hace varios meses y que finalmente emprende el vuelo hacia lo que esperamos sea un viaje largo y placentero. La pretensión no es más que la de ser un faro en el basto mundo del cine. Queremos entregar a nuestros lectores una especie de guía para que ubiquen su gusto en el amplio espectro dramático que las películas nos ofrecen. Buscamos que se lancen a nuevos mares de narrativas audiovisuales junto a nosotros y que exploremos mundos diferentes a los que usualmente vemos. El círculo se completará cuando quien nos lea termine siendo nuestra guía y el faro se vuelva una construcción de conocimiento horizontal.


 ¿En qué consiste?

Cada mes se propondrá  una temática sobre la cual se va a trabajar. De dicha temática se desprenderán una serie de artículos escritos por bloggers aliados. Algunos de ellos serán de opinión y otros tan sólo informativos. Alrededor de dichos escritos se moverán las diferentes redes buscando compartir lo más que se pueda sobre el tema para que el lector tenga diferentes puntos de vista sobre el tema y así no sesgue su opinión. La idea es recibir retroalimentación, generar discusión y construir una red incluyente de conocimiento práctico alrededor del cine.


 

Invitación

Desde Torrefilms los invitamos a acompañarnos en esta iniciativa. Los intereses nuestros no van más allá que el de compartir y generar conocimiento. Estamos convencidos de que la construcción de sociedad nace desde el interés por aprender y adquirir conocimiento. Es una diversión sana y sofisticada que genera placer tanto en las dinámicas de socialización como lo son el opinar, compartir o discutir, como en el saber de que se hace parte de una actividad puramente enriquecedora. Estará al alcance de todo aquel que guste de sentarse una hora y media a ver y oír una historia.  Y lo que se escriba será sencillo y práctico, pues no queremos reducir el debate a unos pocos especializados sino abrirlo a toda clase de espectadores. Creemos que el cine debe ser incluyente y estar al alcance de todos.

 

¡Bienvenidos sean todos y nos escribimos más adelante!

Por qué ver Breaking Bad

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En enero de 2008 se emitió el primer capítulo de Breaking Bad: “Pilot”. El drama de un profesor de química que se entera de padecer cáncer, bastó para que el presidente de AMC (canal que emitió Breaking Bad) se convenciera de que esta era la serie que la televisión norteamericana requería.

La primera temporada terminó en marzo del mismo año después de siete capítulos (no se financiaron los nueve constatados en un principio) y la audiencia pidió a gritos la continuación del show. Después de seis años al aire, cinco temporadas y sesenta y dos capítulos, Breaking Bad se erige como una serie de culto y, para algunos, la mejor de nuestros tiempos. Se ha llevado numerosos premios incluyendo Emmys y Globos de Oro a mejor actor protagónico, mejor actor y actriz secundario y mejor serie dramática entre muchos otros. Ha roto records de audiencia, superando a reconocidas series como lo son Mad Men y The Sopranos. Y cuenta con una envidiable franquicia, al punto de que Univisión ha comprado los derechos para hacer un “remake” para Latinoamérica y se habla de una ópera del compositor neoyorquino Sung Jim Hong.

En un momento en que el imperio de entretenimiento a cargo de la televisión se veía cuestionado por los llamados nuevos medios, se requería de manera urgente un renacimiento, un nuevo aire para el drama audiovisual. Era necesario realizar un producto que a la vez que reafirmara lo que hizo a la televisión grande, también fuera capaz de romper los paradigmas que ahora la relegan un segundo plano. La pregunta se hace evidente: ¿Por qué Breaking Bad? Y la respuesta se hará esquiva en diferentes vertientes que se abordarán en el texto. Adentrémonos en la compleja química que hizo de este show, en lo personal, mi favorito con una distancia abismal entre los que le siguen.


 

La moral del Antihéroe

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Albuquerque, Nuevo México: una ciudad con un paisaje árido con tintes amarillezcos y verdosos por su gran desierto y lejanas montañas es el hogar de Walter White (Bryan Cranston). Con cincuenta años de edad, Walter un hombre aparentemente noble trabaja como profesor de química y atiende un lavado de autos. Su esposa está embarazada y tiene un hijo adolescente que sufre un leve retraso. La situación se complejiza cuando Walter se entera de que sufre de un cáncer terminal. Su genialidad y un fortuito encuentro con un exalumno, Jesse Pinkman (Aaron Paul), lo llevaran a asomarse al mundo del tráfico de drogas más de lo que él hubiese deseado, o tal vez tal como quería.

Vince Gilligan el genio detrás de Breaking Bad: Creador y productor, escritor y director de algunos capítulos; ha logrado traer a la pantalla chica lo que los ortodoxos de la televisión jamás aceptarían: un personaje regido por el cambio.

La televisión es históricamente buena en mantener a sus personajes en un éxtasis auto impuesto, para así lograr que el show continúe por años o incluso décadas. Cuando me di cuenta de esto, el paso lógico a seguir era pensar, ¿cómo puedo hacer un show en que el principal impulso sea el cambio?” Vince Gilligan

“Breaking Bad” es una expresión usada por los habitantes sureños de Estados Unidos y refiere a cuando un individuo ha tomado un rumbo decadente. El desafío que la serie asumió es el de hacer del protagonista el antagonista. La diferencia de Walter frente a otros antihéroes protagónicos es que esta decadencia se va a ver excusada por un fin último en esencia bueno: el de ayudar a su desdichada familia antes de morir. Pero ¿hasta dónde este fin va a justificar su creciente maldad?

Bajo la bandera del cambio Walter White, es pues, una representación de la dualidad moral que aqueja el espíritu del hombre. El secreto está quizás en haberlo presentado como un buen hombre, generando desde el principio simpatía por él. Las pulsiones del personaje coartadas por el deseo de hacer un bien último nos permite como espectadores aceptar su inmoralidad hasta puntos de “sinretorno” en los que nuestra propia ética nos va a cuestionar, pero en donde la genialidad del químico muy pronto nos aplacará las dudas, y como a Jesse, su fiel Sancho Panza, nos obligará a continuar con su travesía.

Es pues la misteriosa moral de este personaje lo que lo hace universal, pues la serie en última instancia cuestiona los límites del bien y el mal, haciendo que los del mal parezcan ser cortos, pero no olvida que el llamado karma es paciente, pero implacable.

Me gusta pensar que hay algún merecido, que el karma patea en algún punto, incluso si toma años o décadas para pasar” Gilligan.


 

Cinematografía

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Al abordar Breaking Bad como espectador de televisión una de sus grandes sorpresas es su producción cinematográfica. Se lo nota desde el guion, con personajes altamente complejos, situaciones que no escatiman tiempo y construcciones argumentales que trascienden el “capítulo de esta semana”, “la temporada de este año” e incluso “la serie de este momento”. Y en la realización nos chocamos con capítulos de cine.

Rodada en 35 mm la producción de la serie no teme realizar inserciones típicas del cine y salirse del aburrido plano–contraplano. El tratamiento visual se convierte en un personaje más de la serie y muy pronto marca su sello con las subjetivas desde diferentes objetos. No está de menos el arte de la serie que suma una paleta de colores impecable. Cuentan que Gilligan mira detalladamente cada pieza de ropa de incluso los figurantes.

Pero lo que más deslumbra son las impecables actuaciones. Al encontrarse con Bryan Cranston es inevitable relacionarlo con su papel ultra light en la serie “Malcom in the middle”. Y sin embargo desde la primera vez que lo vemos, en una situación particularmente intensa, nos advierte que el padre de Malcom ha quedado atrás, no sin dejar el rostro de inocencia que nos aturdirá el resto de la serie. Lograr generar simpatía por el villano es un truco de grandes actores y no en vano Anthony Hopkins envió una carta felicitando al actor por “la mejor actuación que vi en toda mi vida”.

Aaron Paul y Anna Gun (Skyler White) acompañan a Bryan con complejos personajes, que en un principio parecieran pararse en un bando, pero que el drama va a llevar a una escala de grises donde será difícil distinguir qué papel juegan, sabiendo que son fundamentales para la trama. Soul Goodman, Hank Schrader, Gustavo Fring y los demás personajes con los que nos toparemos nos dejarán estupefactos por la complejidad de sus roles y el genio de quiénes los interpretan.


 

Real realismo

Bajo la excusa de la ficción las series televisivas nos han acostumbrado a universos donde lo verosímil dista bastante de lo real: ultra violencia sin consecuencias, amor sin agravios, alegrías infinitas y dramas exagerados. En Breaking Bad como es de suponerse, todo esto está aterrizado a la naturaleza de la realidad. Gilligan recuerda una anécdota de su periodo como escritor de X files:

Tuve que escribir una escena donde (el agente) Mulder le dispara a alguien, y nunca vuelves a oír del muerto. Eso no es lo que pasa en la vida real. En la vida real tienes que hacer algo con el cadáver”.

Los guionistas de la serie logran sembrar la siguiente duda, sinónimo de excelente narración, en el espectador: ¿los personajes derivan de las situaciones, o las situaciones derivan de los personajes? Y es que el arco de transformación de cada personaje está tan milimétricamente construido que permite licencias cinematográficas, sin rayar en lo inverosímil.

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Sólo queda por añadir que la serie cierra círculos magistralmente. Se dice que el dejar cabos abiertos potencia el drama que se narra. Sin embargo se ha malinterpretado dicha sugerencia al punto de concluir dramas mediocremente con un finales abiertos sin ninguna intencionalidad. En la serie los cabos que se dejan sueltos no se refieren a la historia que se narró, ella se cierra sola, sino a la historia que cada uno de nosotros construyó. La reflexión del final es personal y única, y no es raro encontrarse con otros seguidores que tendrán opiniones diferentes a las personales, pero intentar convencerlos de lo contrario será un despropósito.

Quizás lo que acá han leído dista de su experiencia, pero de eso se trata. Los invito entonces a que la vean, la continúen viendo y la vuelvan a ver. ¡Estoy seguro de que Breaking Bad va a dar de qué hablar por mucho tiempo!

A propósito del Estéreo Picnic y el Cine

EP y Cine

El Festival Estéreo Picnic se presenta por quinta vez en Colombia. En esta ocasión el cartel que nos trae el festival es quizás el más amplio que ha recibido Bogotá. Con artistas de talla mundialista e histórica todo indica que el Estéreo Picnic va a batir records de asistancia y sobretodo que se va a consolidar como el festival de música más importante de nuestro país. Hoy, en honor al carnaval que se nos viene, hacemos una retrospectiva de la relación del cine y cinco de los artistas que visitan nuestro país.

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